Luab

Y ahora creer que todo debe quedar en un baúl no le parece la idea más sana. O quizás sí, pero pensar que aquél baúl no se abrirá más..eso sí la destroza, y ya el concepto baúl no le parece agradable.
Es curioso, claramente no podemos vivir pasado-presente-futuro de manera simultánea, pero si hay algo que le molesta notoriamente es olvidar. Y es que nada debe ser olvidado, ninguna historia, ninguna sensación. Pero recordar, muchas veces es doloroso e inunda sombríamente tanto lo interno como lo externo. Y no entiende. No entiende cómo -a pesar de todo el dolor que le provoca- sigue evocando imágenes que le toman el corazón, lo retuercen y lo dejan hecho pedazos. Y va por más. Lee viejos escritos, observa viejas fotografías, camina por donde solía hacerlo, escucha la música que era habitual y hasta huele ese perfume tan especial.
Han pasado dos noches. La primera, sentada en un sillón negro, al lado del teléfono, en un ambiente oscuro. No había más luz que aquella que la luna nos regala cada noche. Llamada telefónica. Al colgar, silencio. Ni siquiera los grillos que se habían acostumbrado a amenizar el espacio quisieron pronunciarse y, el aire, denso, tampoco tenía fuerzas para emitir sonido alguno. Entonces, más silencio y, dentro del mismo, si se oía con atención, irrumpía suavemente un sollozo, que comenzó a dejar su debilidad y a transformarse en un llanto potente, pero secreto. Se duerme.
La segunda noche, luego de haber caminado cuadras eternas de manera casi irracional, sólo por el impulso de mantenerse en movimiento, llegó agotada. Estaba sobre su cama mirando televisión y sin saber exactamente qué hacer. Es que su cabeza estaba en otro lado, en otro lugar. Decidió levantarse y dirigirse hacia el baño para refrescarse un poco. Frente al espejo, aparecieron sorpresivamente un par de lágrimas, que luego se multiplicaban incesantemente. Se habla a sí misma, le habla a un otro. Intenta abstraerse, ser un agente externo. Nada funciona. Llora y llora. Han sido lágrimas que no derrama en años. Ha sido una tristeza que carga como toneladas.
No deja de mirar su reflejo y le asombra. Sus ojos exhaustos, hinchados. Su nariz demarcada por una vena sobresaliente, su boca deformada por un grito silenciado y, de tanto en tanto, mordiendo su labio inferior. Su garganta está apretada y su pecho se contrae. Se ahoga con cada respiro. Sufriente. Rostro sufriente, cuerpo sufriente, alma sufriente. Se detiene. Ha pasado más de hora y media. Tal vez sea tiempo de cerrar el baúl sólo por unos instantes, porque no quiere que ese baúl sea historia enterrada, porque sabe que es parte de su vida, que es ella y porque no quiere que su propia experiencia sea un daño constante. Quiere recordar sin dolor.

Remolino

Pìdele, pìdele al mar que se desate mientras tù lo observas, deseando
ser tù quien se estrelle contra esas rocas, deseando que seas tú quien
se desprenda de las ataduras y vuelva a ser libre, y vuelvas a ser tú,
y expandirte como lo hace el mar y enfrentarse al cielo cara a cara,
teniendo su reflejo en tu cuerpo y ser quien sabe los secretos del sol cuando se esconde y que te muevas junto al viento, que ayuda a impulsar tus olas y a hacer pequeños remolinos para jugar...jugar a que eres una trampa y una amenaza que atrae con invitaciones seductoras a conocer lo desconocido, que incita a caer para no volver a aparecer, y que inquieta, asusta, pero nunca olvida el tinte risueño de todo esto, y se vuelve amigable, así como tú quieres ser, así como tú eres, y nada más luego de haber jugado, disminuye su tramo circular para extenderlo, y ser nuevamente calma.