Soñé

Era de noche, pero no era tarde. La ciudad estaba en plena actividad. La gente volvía a sus hogares, y los autos componían la ruidosa melodía del ambiente. Hacía frío, pero como yo estaba caminando, no lo sentía insoportable, mucho menos calador. Me acompañaba una leve llovizna que no me vino mal. Buscaba una calle desconocida para mí, pero como no tenía apuro, seguí tranquilamente el recorrido.
Tenía que ir a una lectura dramática. Nunca había asistido a una, así que estaba entusiasmada por saber de qué se trataba exactamente. Llegué al Instituto de Cultura, pensé que me costaría más encontrarlo. No había mucha gente, pero estaban los precisos. Tuvimos que esperar en el hall mientras terminaban de habilitar el espacio dispuesto. Se me acercó una mujer, que era algo así como una de las coordinadoras del evento. Conversamos un rato y, para sentirnos más cómodas, nos sentamos en un sillón de forma cuadrangular. No tan agradable, la verdad. Hablamos de cosas que ya no recuerdo, nos miramos y reímos.
Para despedirse, utilizó un aparato que no conozco y, a modo de mensaje de texto, escribió un par de cosas y finalizó con que me enviaba un abrazo, cubierto por su manta. Nunca se sacó esa manta, le daba un aire alternativo. No quise ser menos, y le respondí ahí, también de manera escrita, que mi abrazo sería como el cuadrilátero en el que estábamos sentadas. Qué estupidez.
Ya era tiempo de entrar a la sala. Había una mesa principal que nos enfrentaba, donde estarían los que llevarían a cabo la lectura. La iluminación era suave, tenue, envolvente. Habían mesas y sillones para los asistentes. Me apropié del espacio de un sillón. A mi lado, un hombre del que no vi más que su pierna flectada. Poco me interesaba prestarle atención y mucho menos si su perfume no me dejaba respirar. Quise inhibir mi olfato por completo, y todos mis sentidos hacia él. Luego, dos amigas del tipo se sientan a sus pies y se ponen a conversar los tres. Yo sólo esperaba, ansiosa, que la lectura comenzara cuanto antes. Tenía unas hojas con todo lo que leeríamos acompañadas de unas fotografías. Ibamos a empezar, el silencio nos daba la pauta. Era emocionante sentirme parte de aquello, a pesar de no vivir una aventura adrenalínica, hasta ese instante.
No me percaté cuando las chicas, amigas del perfumado, estaban en mí espacio del sillón, a mis pies esta vez. No sé en qué momento quedé sólo en pantaletas y una camiseta y una de las tipas me besaba las piernas. Intentaba concentrarme en las hojas, pero ya no tenía sentido. La chica era guapa, pero nada despampanante.
Ella estaba sentada en el suelo. Acaricia y besa mi estómago de una manera muy sensual y luego, me lleva a su boca con delicada fuerza. Su lengua se desliza por mi vagina y me hice a un lado. Estábamos en un evento cultural, por Dios! Olvidé al resto de las personas y ellos parecían no sentirse atraídos por nuestro espectáculo. Lo hace nuevamente y me dice al oído que está mojada. Quise comprobarlo por mi cuenta, pero toqué a su amiga, que miraba lo que hacíamos. Busqué introducir mis dedos y me encontré con la vagina más seca y dura que jamás haya tocado. Desperté espantada del trance, mientras la otra chica jugaba con su lengua como si yo fuera suya hace ya muchos años. Me paré del lugar, besé en los labios a la muchacha que se apoderó de mí, salí, y decidí esperar la lectura siguiente, de todas formas, ésta ya me la había perdido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha gustado, rezuma elementos de Palaniuk o Ellis, lo cual me place, y creo que trataré de regresar a menudo por aquí... siempre y cuando recuerde el camino.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.