Loqueno

La cama ya no estaba fría. La dulzura de tu olor contrastaba con el agrio sabor que sentía al tragar. La tibieza de tu cuerpo mantenía el mío templado y la caricia de tu mano permitía mis latidos calmos.
El estado febril sin duda hace alucinar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

espero ansiosa el día que la perturbación de tus aguas niponas, sea un recuerdo no más.